martes, 20 de diciembre de 2016

Escalofrío en vena

Ayer, en un hospital, estalló la vida en toda su plenitud.
 Hasta ese espacio de sufrimiento, salpicado de esperanza, llegó la emoción engalanada de alegría y de fuerza. 
Casi 300 personas abrazaron el salón de actos del Hospital 12 de Octubre 

Y en ese abrazo se cobijaron los goteros que pitaban ajenos a la clave y al tempo...
Respiradores artificiales que ensancharon sus pulmones con tanta belleza y armonía...

Y como siempre, el milagro. Siempre repetido y nunca suficientemente asombroso: la música curando lo que ninguna medicina puede curar.
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Las manos en alto de un señor atrapado por una sonda nasogástrica. Manos,saltando por él. Brincando emocionadas, esas manos.

Un superman,enorme, con el cuello cosido de grapas, avanzaba sonriente, cubierto por una chaqueta del pijama atada como una capa con superpoderes. Los de la sonrisa tibia, casi incrédula, con la que abandonaba la sala tras el concierto.

Enfermos, muy pachuchos, abandonados al goce de sentir. Sentir que la música empujaba la vida y traía tantas emociones purificadoras...

Miraba a mi alrededor y sabía que estaba viviendo algo único. 
Hendel y 300 personas llenando todos nuestros corazones con esa música excepcional, hecha para hacer sentir. Sentir que todo es posible, que ese abrazo de voces nos impulsaba por encima de nuestros miedos y por un momento podíamos volar y conseguir lo imposible.

Casi 300 voces abrazando nuestros embobados ojos acuosos, traspasados por el mismo escalofrío. Ojos de ilusión emocionada como ojos infantiles en la mañana de Reyes.
La imagen puede contener: una o varias personas

Un regalo. Un abrazo de voces como hermoso regalo de Navidad y de vida para quien sólo espera el regalo de la recuperación y la vuelta a casa. 

Aleluya.
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Gracias, MeV, por darme la oportunidad de vivir momentos así. Por permitirme ser acariciada por la auténtica vida y recibir lecciones cada día. Gracias.

viernes, 28 de octubre de 2016

Monstruos

Hoy he ido a ver un monstruo.
Un monstruo inexplicable que rebela como ninguno. Y también revela muchas cosas que deberíamos ser capaces de mirar de frente.
Un monstruo que chirría en el alma como una uña deslizándose por la superficie de una pizarra: las enfermedades mentales en niños. Un contrasentido en toda regla que te perfora la razón y el corazón.

Allí estaban, entregadas, 10 niñas, escuchando a Carlos, Isaac y Adel, nuestros chicos de Afindecuentas.

Ellos, cercanos, simpáticos, cantándoles y contándoles.
 Ellas a su alrededor con ojos emocionados y expectantes:
 "¿Nunca habéis pensado presentaros a La Voz"? 
"Esa versión es mejor que el original"
Salpican las canciones con sus comentarios. 
Olvidan, o eso parece, el monstruo que ha venido a verlas y las ha llevado hasta allí y que, como dicen Afindecuentas en una de sus canciones propias, no las deja vivir "Ni contigo ni sin ti". 

Se acaba pronto el encuentro porque debemos dejar esa sala, Sala Margarita del Hospital del Niño Jesús; para irnos a ver a otros compañeros que nos esperan en la sala Santiago.

Allí están 6 niñas y 2 niños. Se repite la presentación. 
Un chaval que lleva el ritmo y la música en las venas, pide canciones y se entusiasma con las que Afindecuentas les regalan y las acompaña con una percusión de sus manos, prodigiosa: "No he aplaudido antes porque estaba embobado". El crío, de unos 14 años, arrebatado, va y viene a esa emoción. Participa con vehemencia y se repliega a ese mundo donde domina el monstruo y nadie puede entrar. En cuestión de décimas de segundo. "Ni contigo ni sin ti"...

Una niña pequeña de unos 8 años se gira a veces con cara de desconcierto y dolor. Instintivamente me acurruco sobre mí y me giro hacia ella, como si fuera un espejo en el que se viera: "¿te molesta el ruido o  algo". No me escucha. Se gira de nuevo y sigue dando palmas sin sonido. Acercando sus manitas sin tocarse.

 El concierto se encoge y se expande al ritmo de sus reacciones.  Una montaña rusa de emociones, de sensaciones, de escalofríos, miedos y alegrías. Eso es un concierto en esas salas. 
Y en ese zarandeo inexplicable, nos aferramos a las sonrisas de esos críos y empezamos a creer que todo es posible. Que hoy, a-fin-de-cuentas, ha venido a verlos otro monstruo poderoso vestido de música, palabras animosas y mucho cariño
para convencerlos de que se puede recuperar el camino de vuelta a casa y encontrar otros monstruos buenos que les ayuden a ajusticiar a ese otro monstruo que es ahora su vida, sin poderlo entender.

Nos vamos. Llegan nuevos chicos ingresados para el fin de semana. Con ojos abiertos preguntan "¿pero han venido a cantar"? Ojos abiertos de sorpresa y alegría, que caen cabizbajos al darse cuenta de que llegan tarde y se lo han perdido: "pero prefiero estar fuera", se consuelan. Y para eso estamos allí, para acercarles una escala de notas que les ayude a trepar y escapar de esas cárcel que es ahora su día a día.

Hoy hemos ido a ver un monstruo y durante una hora la música de Afindecuentas lo ha combatido abanderando la sonrisa y el aliento. Y ellos, los guerreros, muy heridos, se han sumado a ese combate y han ganado, hoy, esa refriega. Al menos su sonrisa y sus miradas agradecidas así nos lo han transmitido.

Ojala haya sido así.
Muchas gracias, chicos



martes, 25 de octubre de 2016

Una cuña en la ventana

Una cuña descansa al lado de la ventana.
Descansa al sol, agradecida.Es lo único que veo en una de las habitaciones de Cardiología del Hospital 12 de Octubre esta mañana.
El sol...que todo lo humaniza y hace menos amargo.


Paula ha llenado ese pasillo de enfermos, de familiares y de una música maravillosa. Bach campa por sus respetos en ese pasillo gracias a Paula.

Me apoyo en la pared y siento un latido. Por un momento, la música vibra tanto y tan hermosa que pienso que son los corazones heridos , al otro lado de las paredes de este pasilllo, en sus camas, los que saltan enloquecidos y retumban sobre ellas. Corazones encogidos, débiles, enfermos que, de pronto, recobran su palpitar antes la profundidad de Bach.

Cambiamos de planta. Nos vamos a Hematología. Se sucede la expectación de pacientes, familiares, personal sanitario...
Algunos enfermos deciden enfundarse sus mascarillas y salir a disfrutar de esas notas que llueven frescas sobre su tedio y su inquietud.

Suenan y suenan esas 4 cuerdas en los dedos pequeños y delicados de Paula. Y resulta, como siempre, pura magia: la madera, el arco y esos dedos transformando esos pasillos en un acogedor universo.

La pared sigue latiendo a mi espalda. Me recorre un escalofrío y me doy cuenta de que es mi corazón el que redobla en mi cuerpo y lo acapara por completo. No hay nada más que sentimiento y verdad allí. Nada más llena este momento. Y todas las sangres enfermas redoblan en la misma emoción y sin ellas saberlo, se fortalecen y vigorizan para seguir dando la batalla. Eso queremos creer. Eso nos dicen algunas personas en esos pasillos. Algunas, sólo con su mirada y su sonrisa.

No podemos pasar a la UCI. Hay un imprevisto y debemos esperar.
Cuando llegamos, Paula regala unas piezas a los familiares que no pueden entrar tampoco. 
De pronto, un ejército de batas verdes salen de la UCI custodiando a un paciente. Ahora ya podemos entrar.
Hay lugares que se meten dentro y de los que cuesta mucho salir. Como una UCI. 
Como les es imposible salir de allí a un par de señores muy mayores que acarician y velan la vuelta a la vida de su hijo que todavía no sabe cómo aferrarse a ella. Un hermoso hijo que debería cuidarlos y visitarlos está, impedido, grave, en esa cama. La madre llora desesperada en su debilidad que no comprende. El padre, apoyado en su bastón, mira en silencio, triste. La madre acaricia la mano de ese hijo que ahora no la puede sostener. Como a un bebé, su bebé. Le habla, y le mece la mano. El padre, en silencio, mira. Llora por dentro.Esos padres ya no podrán salir de allí ni siquiera cuando estén en casa.

Paula toca emocionada. Es imposible no emocionarse en un lugar así.
Resbala la música en las lágrimas urgentes, huidizas, de un familiar que atraviesa la sala sin saber bien dónde ir a descansar tanta tristeza. 

La sala te atrapa y te impulsa a huir. El recibimiento acolcha la fuerte impresión: el doctor jefe es un apasionado de la música y sabe que es un regalo para todos los que están allí. Escucha a Paula con respeto y admiración y la anima a seguir. 

Bach continúa haciendo magia. Paula lo consigue sin decaer un segundo. Media hora en la UCI con la mirada baja, respetando la intimidad y el dolor de los que luchan por sobrevivir y de sus familiares.
Temblorosa, recoge su viola. Vamos saliendo, zarandeadas pero indemnes, hasta que uno de los pacientes que ya puede sentarse aplaude a Paula y la mira y le dice con todo el agradecimiento encaramado en sus ojos y su sonrisa: "muchas gracias por traernos tanto cariño hasta aquí".

¿Cómo explicar todo lo que sucede en ese momento?
 ¿Cómo explicar que en momentos así MeV cobra todo su sentido y sabemos que lo que consigue es algo grande como respirar? 
¿Cómo poner en palabras lo inefable? 
Quizá sólo las lagrimas agolpadas de Paula lo pueden explicar. La emoción de esta joven generosa y entregada, hecha agua, bendita agua, pueden reflejar lo que se vive en los hospitales gracias a ellos y a Música en Vena.

Salimos de allí, sin salir. Tardaremos horas, quizá días en dejar de estar allí dentro.Es así.
 Una vez que Música en Vena se inocula, estás perdido. 
GRACIAS

viernes, 30 de septiembre de 2016

Luchando por la "victoria"

No llego ni a escuchar una sola nota. Ni siquiera me da tiempo a ver los instrumentos. Ese ritual que tanto me gusta: enfundar y desfundar esas armas cargadas de futuro.
 Llego a ver algunos cables y las sonrisas cálidas de los componentes de Moebio.

Este viernes se adelantaba el concierto del hospital Niño Jesús y yo que lo sabía, lo había olvidado completamente.
Así que llego, pero muy tarde. Me quedo a las puertas de esa sala que tan bien conozco y a las puertas de vivir un momento único como siempre son los encuentros con los chavales que viven allí un paréntesis acerado de su vida. Un anacoluto vital doloroso y cautivo. 

Desde las puertas que solo pueden ( y deben) abrirse desde dentro y que se abren, veo mucho movimiento. Muchas niñas por el pasillo, mucho ajetreo. Supongo que salen del concierto y salen removidos. La música que les recuerda,o eso queremos pensar, que lo hermoso de la vida los está esperando la otro lado de esas paredes.  Mientras recuperan el camino de vuelta nosotros queremos dejar miguitas para que no se pierdan.
Moebio ha dejado grandes migas cargadas de "Victoria".
Y con esa bandera, el camino queda mucho más señalizado. Aunque ese paréntesis está hecho de confusión, distorsión, sufrimiento y rebeldía; y en medio de esa maraña es difícil atisbar la luz. 

Me pregunto si hoy habrán podido intuirla gracias a la música de estos chicos tan sencillos como grandes y generosos. 
Me pregunto si los niños de esas salas han podido aferrarse a la "Victoria" de Moebio para impulsarse y salir de ese bache. 

No es fácil. Están ahí porque su problema es su forma de vida. Porque donde los demás ven un problema- real- que pone en riesgo su vida, ellos se instalan a vivirlo, a hacer de él- de ese problema- una forma de vida donde sentirse seguros y plenos. Son felices en su propia agresión y luchan contra lo que detestan haciéndose daño. Niños dañándose para intentar ser. Siempre me marea esta reflexión y me produce un vértigo infinito sentir en primer línea las barbaridades que genera esta vida que estamos creando.
Por eso esa sala es tan especial. Todas lo son, es verdad. Pero esa sala...

Me pregunto muchas cosas que me he perdido y que nadie podrá responderme porque la respuesta está en vivir la experiencia. 
Sé,lo sé, que siempre es impactante. La cercanía con los niños. Sus miradas huidizas, o ilusionadas o perdidas. Esos pijamas como armaduras talladas de ositos o  flores que cobijan corazones heridos.
Preguntas y muchos deseos. Todos se quedan dentro de mí.

Por eso salgo al encuentro de lo único que puedo hacer: saludar a los músicos, preguntarles qué tal la experiencia, cómo se han sentido... Me recibe, acogedor, Txema, el bajo (hoy con guitarra). Después, Jawi que se encarga de la percusión y de una mirada llena de sonrisas. Saludo a Héctor, el cantante, que me recibe con su dulce acento. Y por último, Antonio, el aparente tímido guitarra del grupo.
Les ha gustado la experiencia, quieren repetir.

Moebio, como su propio nombre indica,
quiere estar en constante movimiento. Así que intentaremos que sus ondas nos abarquen y vuelvan a llenar estos otros auditorios tan especiales y tan necesitados de las cosas buenas y simples de la vida.
Hasta entonces nos dejan su simpatía y amabilidad y, como si no fuera suficiente, estas maravillosas púas de guitarra que hablan por sí solas del trabajo bien hecho y de la pasión de Moebio. 
Muchas gracias, chicos.



sábado, 25 de junio de 2016

Afindecuentas..."desmadradados"

La música es magia. Lo sabemos todos los que la amamos. 
Es imposible explicar por qué nos emociona una melodía, una voz...
Pero también es imposible controlar ese escalofrío que te recorre cuando ese milagro sucede.

Afindecuentas produce eso en mí. 
Suena la guitarra de Isaac y, antes de ver su maravillosa sonrisa columpiándose en su limpios ojos de buena persona, ya nos llegan sus dulces acordes directos a algo muy dentro de ti. Isaac toca como respira. Cómo si no estuviera haciéndo él esa maravillosa música. Como si fuera lo más natural ser parte de su mástil. Isaac toca como respira y de repente, nos cosquillea con el tintineo de la pandereta que bajo su pie cobra vida, como si fuera lo más normal.

Carlos y su pasión por el teclado no tienen frontera. Son un continuo. El teclado de hoy es más grande. Nos promete más. Porque quiere más y darlo todo con él. Y lo hace.

Y aparece la voz de Adel. Y desde el primer momento me sacude ese escalofrío que se encarama a mis ojos sin poderlo controlar. Una especie de gozo infantil se apodera de mí y de mi agradecimiento por algo tan simple y tan grande. 

Los niños del hospital Niño Jesús disfrutan de ellos. Les piden temas. Tararean con ellos. Sonriendo. 
En la segunda sala, están más movidos. Charlan, interrumpen, se ríen. Y cantan. Piden temas imposibles. Saben mucho de música. Parece que la música es una parte muy importante en su vida. Por eso tiene tanto sentido que Música en Vena esté en esas salas.Les pone en contacto con algo muy importante en sus vidas y les conecta a ellas desde otros resortes. Aunque solo sea un ratito. 
Hoy ese ratito ha sido un poco más largo. Las encargadas de esas salas nos han regalado 10 minutos más porque lo que estábamos viviendo no era frecuente y , además, era algo importante y especial.
Paula, que cerraba los ojos mientras cantaba desde su silla, se ha animado a sentarse con Adel y a seguirle con el libreto que él llevaba organizado y trabajado.
María también se anima y se sienta a su lado y juntos, improvisando, crean algo único que las hace parte de lo que están disfrutando y nos hacen disfrutar. Todos rodean a Adel, Carlos e Isaac y el concierto se convierte en una convivencia donde por unos minutillos se olvidan de lo que les ha llevado hasta allí. De las vendas y cicatrices que jalonan sus muñecas, su cuerpo. Y es muy grande lo que vivimos.


Se van mientras recogemos con una sonrisa amplia en sus rostros y nosotros queremos pensar que les va a durar lo justo para tomar fuerza y salir de allí prontito.
Un celador nos dice que él no es quien determina los tiempos, que él solo está allí por si se desmadran. La palabra es todo un mundo. "Desmadrarse" :salirse de madre. Y así es:están lejos de esa madre que hasta hace poco tenía las respuestas a todas sus preguntas y los conjuros a todos sus miedos. Ahora otros fantasmas pueblan su vida y no entienden por qué. Por qué están "desmadrados" y tan indefensos ante eso que los domina y los daña al mismo tiempo.Lejos de su madre. De su casa. De la serenidad.

Por eso ninguna palabra será suficiente para explicar qué pasa en esas salas en momentos como los de ayer. 

Ni habrá suficiente cantidad de veces con las que podamos dar las"gracias" a personas como Adel, Carlos e Isaac, que se entregan completamente y se emocionan dando tanto con su música y su calidad humana.



Este fue el último concierto para mí de esta temporada con Música en Vena. Fue muy, muy especial. Por muchos motivos. Algunos personales que no vienen a cuento pero que podrían contar por qué la experiencia de ayer fue tan maravillosa para mí, aunque no lo harán.
Los otros motivos, los que sí cuentan , son estos:
Que el concierto, ayer, fluyó de un modo fascinante, en una comunicación que describe y muestra lo que es y debe ser la música. Un lenguaje del alma que acompaña, alivia y hermana.Y yo sabía- porque esta era su segunda vez con MeV- que con Afindecuentas todo eso, la nitidez de ese lenguaje, estaban más que garantizados.

Que era en el hospital Niño Jesús. En siquiatría infantil. Con personitas que apenan han comenzado a vivir y ya saben del sufrimiento con mayúsculas. Y eso, que duele solo con pensarlo, es una lección de vida y de humanidad. Y poder mitigar ese injusto dolor, aunque sea solo un poquito, es un privilegio que pocas personas pueden vivir y, posiblemente, entender.

Y por último, que todo eso, que fue tan especial, lo pude compartir con dos compañeros también muy especiales. Con mi Inmita que para mí es un puntal y que sólo con verla ya me alegra el día y con nuestro ángel, Ángel, que hace todo más fácil y más tierno.

Así que fue un broche de oro para esta temporada de MeV de la que he podido disfrutar poco pero de manera muy intensa. 

Os deseo a todos un feliz verano, lleno de música y calor en el alma, para que volvamos con más emociones, más energía, más ilusión; para seguir llevando todo eso y más a esos otros mundos que, finalmente, son la vida en estado puro: los hospitales. 

Un beso lleno de agradecimiento para todos los que hacen posible Música en Vena y...
 ¡¡¡nos vemos en septiembre!!!


miércoles, 22 de junio de 2016

Abrazos

Iris y  Rainer tocan como si fueran ellos los necesitados.
Tocan como dándose vida. Como si fueran ellos los pacientes que necesitan el bálsamo de su maravillosa música.

Hoy nos han cantado y nos han contado. Han traído hasta ese auditorio músicas ancestrales que hablan de sus raíces y de su infancia. Quizá, como casi todas la infancias, ese paraíso perdido donde todo estaba en orden y era posible cobijarse en el regazo de la madre. 

Debe de ser hermoso recuperar la infancia y traerla al presente a través de tu arte. Arroparte de olores, de sensaciones, de recuerdos al tocarlos en tu instrumento. 
Eso han hecho hoy el chelo de Iris y la guitarra de Rainer.
   Músicas del corazón, directas al corazón. En vena.


Sobrecoge que te abracen con otras emociones, que te hagan sentir en casa, en ese mundo donde todo es posible porque está lleno de futuro. Especialmente cuando estás fuera de tu centro, de tu casa, en medio de la tormenta y el miedo.En un hospital.


Eso ha sido esta tarde.Un abrazo cálido y generoso que Iris y Reiner no querían dejar de darnos y del que nos ha costado desprendernos.
Yo lo acerco hasta aquí


Gracias, Iris, Rainer. Gracias Música en Vena. Gracias Hospital 12 de octubre. 
A veces los abrazos llegan cuando menos te lo esperas y más los necesitas. 
                      Como magia. 
                                            Gracias



Esta entrada no hubiera sido posible sin otro abrazo en el que he podido descansar un ratito. Lo suficiente para seguir hoy adelante y poder escribir estas palabras de agradecimiento. Gracias, Karmele. 

martes, 31 de mayo de 2016

Antorchas

Hay personas tan grandes como su fortaleza. Personas que se arman de silencio y abaten los problemas sin un lamento. Personas que afrontan lo que viene sin ceder un minuto al desaliento o la debilidad. Personas que no le dan espacio al miedo ni a la autocompasión porque saben que si les dejas, te comen. Te devoran. 
Esas personas que luchan su batalla personal salvan al mundo. Lo iluminan con su presencia. 
Sabias con la sabiduría que  da enfrentarse a la verdad y a la vida a manos llenas.

Yo, que soy cobarde y pusilánime, las siento como gigantes que podrían aplastarme con su sombra. Lo que pasa es que ellas no tienen tiempo para aplastar nada que no sea el desánimo y la desesperanza.

Esas personas son imprescindibles. Os necesitamos.
Inma, te necesitamos. Eres nuestro puntal, aunque no lo quieras. Por eso estamos contigo, haciendo fuerza para que vuelvas a tus quehaceres sin fin. A beberte la vida y a iluminarnos por el camino. 

viernes, 20 de mayo de 2016

La voz de dios

El anfiteatro rebosa. Como en ningún otro concierto. Pareciera que la gente viene convocada por la palabra de dios. Eso es lo que originalmente significa "Gospel".

Se oscurece la sala. El escenario lleno esta vez de 15 músicos. Comienzan a capella. Un escalofrío recorre toda la estancia. Perdón, un escalofrío me recorre y retumba dentro de mí como si algo sagrado, como la palabra de un dios potente y sanador, se instalara en mí. Me parece tan poderoso que vivo esa experiencia como algo colectivo. 

Colectivo como este género. Nacido de la colectividad, el sufrimiento y la necesidad de esperanza. Voces negras teñidas de sangre y algodón. Tragedias negándose a rendirse. Uniendo sus maravillosas voces en una plegaria contra la injusticia y el dolor que era su vida. Recuperando con su música , tan solo con sus voces, lo que les intentaban arrebatar por todos los medios: su condición de seres humanos. Y como si no pudieran hallar la fe en sus semejantes, alzaban sus cánticos a un dios protector que los elevaba por encima de esa vida miserable y cruel que estaban viviendo. Alzaban su voz hacia dios, convirtiéndola en una llamada a su compasión y bondad.

Así se acercaban ayer los pacientes del hospital 12 de Octubre. Gente que está viviendo en estos momentos una vida dura y cruel, la de la enfermedad. Y se encontraron con ese escalofrío que nos puso en contacto con lo más sagrado y más hermoso del ser humano: su solidaridad plena de emoción y de esperanza. ¿Y quién no necesita todo eso esté donde esté y cómo esté? Quizá sea eso lo que llevó al ser humano a buscar dioses. Algo que los uniera por encima de lo cotidiano y los pusiera en contacto con lo más hermoso de su corazón. 

Y así, esa sala llena a rebosar estuvo electrizada con esa música única. Los goteros aplaudían y elevaban sus manos, olvidándose de que lo eran. Las piernas no podían dejar de seguir ese ritmo contagioso entre bombonas de oxígeno y mascarillas,perdiendo sus zapatillas en ese baile inevitable. En un clamor aplaudían , aplaudíamos, como un rugido de energía que necesitábamos devolverles. Porque ayer fue un subidón de música en vena. Música que ha recorrido muchas venas para llegar a ese escenario y hacernos participes de toda su fuerza y vigor.
"La virgen!" exclamaba un señor sentado a mi derecha. Que es como decir que no hay palabras para lo que estábamos viviendo, tan profundo y vital al mismo tiempo.

El personal sanitario de la parte posterior hizo lo que todos desde nuestro asiento intentábamos: bailar, bailar ese aluvión de ritmo y emociones. 
Para hacernos una idea

Pero el escalofrío tenía que terminar. 
Una señora emocionada, lloraba diciéndonos que si podíamos darles las gracias a los músicos. "Espere, ahora vienen". Y allí fueron y la besaron y ella se aferraba a ellos para agradecerles lo que le habían regalado. Tanta emoción...en esa tarde de hospital.

Me llevo a una señora en silla de ruedas a su habitación. Cuando llegamos su compañera me dice que ella no ha podido ir pero que la señora que yo llevaba estuvo todo el día ilusionada con la idea de ir al concierto. Le dijo a su familia que no fueran a visitarla porque ella se iba de concierto. "Qué labor tan bonita hacéis..." Esa frase, en esos ojos, y todo cobra sentido.

Gracias músicos maravillosos por permitirnos experiencias con las que la vida cobra todo su sentido. Como la de ayer.



martes, 17 de mayo de 2016

Si ellos hablaran...

Si esta maravilla hablara...Un violín del siglo XVIII ha entrado hoy a las salas del hospital Ramón y Cajal. Es el violín de Maya que lo cuida como si fuera su bebé frágil y hermoso. No está solo. Otra preciosidad algo más joven le acompaña: es el violín de María.


Los sacan de sus estuches, mimándolos. Si ellos hablaran... ¡Y resulta que hablan! En manos de estas estupendas músicas dialogan, entretejen una charla cómplice tan pronto encabalgándose uno en otro como acariciándose en pizzicato.

Una música poderosa se cuela en cada box de la UVI, una UVI aséptica que se arropa por unos minutos con Bach, Vivaldi, tangos..y se cuela para hacer sonreír a quien puede permitírselo.

Salgo corriendo a otro compromiso y ellos se quedan en siquiatría. Me dicen que fue todo un éxito y que esos tangos que llevaban preparados fueron acogidos con la generosidad de quien no tiene nada que perder. Esa sala es como la tierra reseca cuando llueve. Ávida de agua,la absorbe y se esponja en puro agradecimiento.

Si ellos hablaran, si esos dos violines nos contaran por dónde han viajado y qué corazones han entibiado...Posiblemente compartirían grandes experiencias y emociones pero seguro que también nos dirían  que nada es comparable a lo vivido en  esas salas donde la vida se las ve con lo más duro y sus cuerdas se tensan de fuerza y de dulzura solo para combatirlo.



viernes, 29 de abril de 2016

LUCES DE MIEL

Confiesan que están nerviosos. Muy nerviosos. Hace mucho que no tienen un concierto tan especial.
Se lo cuentan a ellos que los miran con ojos cansados.Cuerpos desmadejados,demasiados pequeños para batallas tan grandes.
Olaya y Alejandro les hablan, les cuentan y les cantan. Les entregan sus ganas, su sonrisa, su vitalidad, su pasión por la música, sus voces inmensas sobre la cálida piel de una hermosa guitarra.

Y los ojitos cansados no se cansan de saborearlos, algo más abiertos cuando la voz de Olaya estalla contra las paredes de esas salas y ese pasillo.

Alejandro y Olaya les buscan en músicas que pueden reconocer (Adele, Cristina Aguilera) pero quieren encontrarlos en sus propias vivencias y así, se las regalan con el mismo amor con el que las han compuesto. Amor al amor (miel), amor a una hermana (luces), amor a las mujeres luchadoras...amor a la música, a ese otro idioma que penetra y toca donde nada más puede hacerlo.

Y ellos, los ojos cansados, se despiden agradeciendo y alabando esas voces que tan maravillosamente bien hoy les han alejado de su propio cansancio durante una breve media hora. 

Enfrente, en la otra sala, el grupo los espera impaciente:" ayy, ya era hora, que estamos muy aburridos". Pues ya estamos aquí. Entre ojos menos cansados y cabellos encendidos de colores. Rojos, verdes... colores pintando la realidad como queriéndola cambiar. Quizá sea una forma de cambiar eso que no les gusta, de poner en su mundo ese color que no entienden por qué les falta. 

Olaya y Alejandro
vuelven a comunicarse con ellos explicándoles las ganas que tenían de estar ahí para llevarles todo eso que tienen para ellos. 
Una chiquita, apoyada en la mesa, los mira con los ojos muy abiertos como queriéndoselos llevar puestos en la retina. Esas maravillosas voces entrándole por los ojos y llevándola muy lejos. 
Alejandro les habla de amor y alguna se confiesa enamorada y yo no puedo evitar preguntarme por qué ese amor no le ha sido suficiente para poder contra lo que la puede. Por qué el amor no la salva de esa sonda nasogástrica que se ancla como un mal remedo de un piercing rebelde. Quizá hay fantasmas mucho más poderosos que el amor. Quizá es que el amor no lo puede todo.

Se nos echa el tiempo y el celador encima. Debemos irnos. Nos cuesta desperdirnos, como siempre, dejarlos allí. Nos queda el inútil consuelo de pensar que en esas paredes todavía resuenan las voces de estos maravillosos artistas que durante media hora les han hablado y cantado con el corazón.

Gracias, chicos. Hasta muy pronto






miércoles, 27 de abril de 2016

Luz

La vida no es fácil para casi nadie. Lo sabemos. Y sabemos que en esa lucha que supone salir adelante, estar sano, poder hacer tu vida normal, es ya un triunfo que a veces no valoramos lo suficiente. Ser parte de Música en Vena impide que lo olvidemos un solo día.

Aun así, la oscuridad a veces se instala en tu vida. Negro sobre negro, braceas para poder seguir adelante y sientes una gelatina oscura que te impide respirar. Respiras, vives; pero cuesta. Negro sobre negro.  Y en esa negritud aparece una persona, de repente, que se preocupa por ti y empieza a bañarte de claridad y de esperanza. Y te regala lo que no esperabas que te impulsa y te recuerda que la luz todavía es posible.

Y así, con sus palabras, me han llegado los besos de Margarita que desde su sillón de la Uvi, en la que lleva un mes, incansable,se los lanzaba a Marta, María y Ginés
 como si estuviera creando un lenguaje de besos para expresar tanta emoción y agradecimiento al sentirse unos minutos una "reina mora" anclada en su sillón como un hermoso trono.

O el mago de 93 años que con la música hoy, ha recuperado todo lo que él dio a los niños a quienes asombraba cuando iba a visitarlos también a los hospitales. La maga de la música haciendo magia en su corazón. 

O el corazón enfermo de una señora ingresada en cardiología que ha sentido que esa música le estaba curando más que los tratamientos y las medicinas. Ella, emocionada, así se lo ha dicho a ellos con el corazón, aliviado, en la mano.

Así me ha llegado todo esto que no he vivido pero sí he podido sentir. A través de las palabras de ese ángel de la guarda que hoy me ha sacado de la oscuridad. 
Me ha llegado, así,  esa corriente que se crea en los hospitales gracias a la música, gracias a MeV. Ese fluido en todas las direcciones que cura, asombra,emociona y hace la vida más vivible. No sólo la enfermedad. También la simple vida. Esa que a veces resulta insoportable y que necesita de todo lo que surge en esas salas para recordarle que no hay nada más hermoso y curativo que sentirse acompañado y acariciado en los mismos sentimientos. Aunque sean sentimientos preñados de miedo y de ausencias.

 La música meciendo tantas miserias y creando puentes de unión entre desconocidos que simplemente son seres humanos frágiles. Como lo somos todos. Mucho más en la enfermedad.
                                    Gracias, chicos.



Estoy absolutamente persuadida de que MeV está compuesto por muchos ángeles custodios.
 Hoy ha sido Rosa la que me ha custodiado a mí y ha dado lugar a esta entrada. Gracias, Rosa.





lunes, 18 de abril de 2016

En UVI y con JOTA

Instrumentos extraños:
Un laud, una flauta como una caña...
Como los ojos de los pacientes de siquiatría del Ramón y Cajal al vernos aparecer. Ojos extrañados como si no pudieran creer que alguien quisiera estar ahí donde  ellos tienen que estar. Nos acogen felices de llenar unos minutos de música y palabras. Y se suman a la improvisación y el "caos" que nos lleva desde música cantada en árabe a música celta pasando por una jotas de de Burgos que Marta y una paciente se arrancan a bailar y cierran con un abrazo agradecido y lleno de tantas cosas...
Todos se suman a ese revolutum en el que Wafir les explica,  y se sienten felices por un momento. "¿Cuándo volvéis?" "En un mes pero vosotras ya no estaréis aquí" "Esperemos que no" lo dicen sonriendo con tristeza. 

Las enfermedades mentales tienen un denominador común que las abraza cruelmente: son de una soledad estelar.
 Si recitando, jugando, cantando la Bamba al alimón con un guitarra que ha aparecido por allí repentinamente...se han sentido un poco menos solos habría sido suficiente. O tanto...

Se cierran tras nosotros las dos puertas que no pueden estar abiertas al mismo tiempo. Por su propia seguridad. Tras ellas se quedan sonriendo y agradecidos. Como nos vamos nosotros.

Cerramos así la visita, accidentada, a este hospital. 
Como se ve, Daniel
no ha podido tocar y a cambio nos ha traído la generosidad y voluntad de Wafir y Marta. 


Pasamos primero por la UVI, cargada de lucha en cada box. Entre el sonido del laud, de repente un silbido fino, nítido y delicado nos sorprende.

Es Dani que entablillado necesita aportar su granito de arena y nos lo silba y nos lo recita. Con una dulzura y un arte profundos. 





Quieren volver. Como todos los músicos que tocan en esas salas algo más que música.

Gracias, como siempre.


miércoles, 13 de abril de 2016

El sol y la sal

"Cómo me alegra haber bajado". Un señor mayor, arropando su pijama hospitalario con una manta, se siente tremendamente emocionado después de la actuación que hoy Música en Vena les ha acercado al auditorio del hospital. Su esposa nos confiesa que ha estado toda la hora recorrida por un escalofrío: "hasta ahora no he entrado en calor. Qué maravilla, qué maravilla"
EL sol y la sal de Cádiz les ha arrullado después de unos días muy duros, muy duros..."con lo mal que lo ha pasado".

Sólo por esto, sólo por ver los ojos de estas dos personas, agradecidos, enternecidos...ilusionados como niños al hacerse la foto con el músico que les ha regalado ese aluvión de vida; sólo por eso, digo, merece la pena MeV y todo el esfuerzo que conlleva.


Antonio se encumbra en su saxo como queriendo subirnos muy alto. Nos lleva flamenco en vena soplando por la boquilla de esos bellos instrumentos.
Antonio necesita comunicar. Y va del cante al saxo, apresurado, como que no llega. Necesita decirlo y tocarlo, todo al mismo tiempo. Cantarlo y hacerlo música, como si el saxofón lo llamara imperioso, con urgencia.  Epi y Adriano, impecables,  cosidos a él, lo acompañan puntada a puntada, en una comunión imposible. La percusión y la guitarra sosteniendo ese saxo, hilván a hilván, en su viaje personal y sublime.


En algún momento, Antonio, sube sus manos muy alto, como si le faltaran teclas para seguir subiendo. En un crecendo arriesgado y trepidante que resulta portentoso escoltado  por esa percusión tan poderosa  y la guitarra llena de matices y puntadas centelleantes. 
El sentimiento se les escapa por los dedos y acorralan a sus instrumentos como si tocaran en trance. Los tres el mismo trance.Trenzados por la misma pasión y el mismo lenguaje. 

Antonio necesita comunicar. Lo hace cantando y con sus saxofones pero también hablando con los que allí estamos. Nos cuenta, nos hace cómplices de la magia que vive cuando crea y de las emociones que le llevan a componer.Comparte con nosotros sus dolores y sus anhelos y nos confiesa que " a veces pienso que sólo me quedan fuerzas para cantar por alegrías". Y las regala. Las alegrías, los tanguillos...todo su arte. Para sumar fuerzas a las que, a veces, a todos nos abandonan, sobre todo en el dolor. Como a los pacientes que le escuchan en silencio y aplauden entusiasmados con sus fuerzas también mermadas pero más fuertes ahora que están menos solas.

Y nos lleva el sol y la sal del Palmar de Cádiz a nuestras butacas cuando nos hace emular el melodioso vaivén del mar como niños de excursión: ¡¡¡¡shisssss!!!!¡¡¡¡aaaaaaahhhh!!!!  ¡¡¡¡¡shiiiisssss!!!!! ¡¡¡¡aaaaaaaahhhhh!!!!! 

El sol y la sal del mar empujando en las butacas del auditorio y expulsando por un ratito a la tristeza y al sufrimiento que se han sentado en las primera filas reservadas para los pacientes. Algo más que música ¿no?

Cierran el concierto con un cumpleaños feliz al saxo, hermoso como nunca lo he escuchado. Una felicitación "para una mujer valiente, arriesgada y emprendedora". Para el alma y motor de Música en Vena que hoy cumple años y lo celebra con este maravilloso concierto rodeada de sus amores y dando vida a su sueño hecho realidad que tanto alivio y tantas emociones produce a los que lo disfrutamos. Felicidades, Virginia.

Otra vez la luz y el sentimiento de Cádiz en Música en Vena. Con músicos grandiosos que nos impresionan más por su calidad humana que por su música. Y eso es decir mucho. 
Gracias.
Hoy no ha podido venir una de nosotras que estaba también, paciente, recuperándose de un escalón más. Esas fuerzas que a veces menguan , también a  Antonio, también te las enviamos a ti, Inma. Con alegrías y mucho ánimo.